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Su susurro.

Le miro por última vez a los ojos...Dios, sí que cuesta decir adiós. Su mirada grisácea me recorre de arriba abajo mientras de mis ojos comienzan a brotar lágrimas. "Te ha hecho daño", "te ha hecho daño", "te ha hecho daño"...Repite sin cesar mi corazón. Es cierto. No he de volver a verle, pero es inevitable caer en su encanto, en su voz, en su mirada, en su cuerpo, en su pelo, en sus palabras. Realmente es un ángel caído, un ángel que sólo provoca estragos en mi corazón, un ángel dañino como Lucifer, y es que cuando él me susurra de esa manera, cuando acerca tanto sus labios a mí rostro no puedo evitar caer en sus redes. Todo es culpa de ese susurro, ese susurro que es igual al de la tentación, al del pecado, al del peligro, al de Lucifer.

730 días de vida.

Introducción.


Hyuna, es la hija de los dueños de una exitosa discográfica coreana. Casi nunca ve a sus padres, y mientras tanto comparte un piso en Madrid con su mejor amiga, Raquel. Pero en la madrugada de Nochevieja, pasa algo que Hyuna desearía que no pasara. Conoce a un demonio, que con la intención de sobrevivir inyecta su veneno en Hyuna, dejándola al borde de la muerte, de la qual Nicolás la salva. Nicolás, un ángel, intenta ayudarla pero es imposible, le quedan dos años de vida. Cuando nuestra protagonista conoce la noticia decide irse con sus padres a Corea, para pasar con ellos sus últimos momentos. Pero aparece un nuevo inconveniente. Sus padres quieren que debute, y para ello la meten en una universidad de preparación, donde conoce a dos chicos que cambiaran su vida.


Capítulo 2.


-Oye, no llores. No sé qué hacer cuando una chica llora.—murmuró en voz bajita Nicolás. Hyuna a pesar de tener lágrimas resbalando por su cara, soltó una risita.

-Para ser un ángel, eres muy sensible. –él la miró sorprendido, la gente debía de tener razón cuando decían que las mujeres son el sexo fuerte. Si fuera él a quien le hubieran soltado que se está muriendo, hubiera llorado, gritado, pataleado cualquier cosa. Pero esa humana estaba sonriendo, realmente estaba sonriendo.

-¿Cómo puedes quedarte tan tranquila sabiendo que te estás muriendo?—la sonrisa se borró de su cara.

-Porque todos alguna vez vamos a morir, antes o después, eso es lo de menos. Ahora, gracias a ti, sé lo que me queda y puedo aprovechar al máximo mis últimos días. Así que…gracias, de verdad. Además me salvaste la vida de aquel demonio. –Nicolás estaba cada vez más sorprendido. ¿Le estaba dando las gracias?

-D-de nada. Ah, y respecto a tus preguntas de antes…estamos en Madrid en el edificio de al lado del tuyo.

-¿Sí? ¿Y por qué no hay ventanas?

-Bueno, porque cuando llueve, no puedo reprimir mis instintos y las alas aparecen detrás de mi espalda. Y ya sabes no es muy normal ver a alguien con alas en la espalda.

-Ah, claro, es que estos edificios están muy pegados y se ve en seguida lo que hace la gente en su casa. –los dos soltaron una carcajada. Hyuna sonreía, sonreía mientras su corazón se despedazaba cada vez más y rezaba porque esa tortura acabara.

-Oye, creo que es momento de que me vaya. –dijo la pelirroja mientras se levantaba y se ponía sus botines. A Nicolás se le desvaneció la sonrisa.

-¿Qué vas a hacer?

-Volver a Corea…--suspiró--…mis padres están allí y quiero pasar con ellos mis últimos momentos.

-¿Eres coreana? Pensaba que eras china o algo de eso. –Hyuna cogió un almohadón y se lo lanzó a la cara.

-Los asiáticos no somos todos iguales. Adiós y…gracias. –sonrió una vez más y prácticamente salió 
corriendo del extraño apartamento.

Conforme bajaba las escaleras las lágrimas y los sollozos se escapaban.



Cuando llegó a su apartamento Raquel no estaba en casa. Entró en su habitación aún con lágrimas en las mejillas y se dejó caer.

-Tengo que disfrutar…disfrutar de lo que me queda…aish. —agarró un espejo y lo tiró contra el suelo. --¿Por qué? ¿Por qué yo? ¡Odio esto! –tiró todo lo que había en su habitación, dejando cortes, moratones y lágrimas. Su móvil empezó a sonar. Era su madre.

-¿Sí? –intentó poner una voz calmada, mientras hablaba un coreano fluido.
 
-Hija, ¿te pasa algo? –Hyuna reprimió los sollozos.

-Nada, mamá, me he caído.

-Te he dicho mil veces que tengas cuidado. Por cierto tú padre y yo fuimos de via…

-Mamá me voy a Corea. –se hizo el silencio en la otra línea.

-¿Ha pasado algo, hija mía?

-Nada de lo que preocuparse, estaré allí el martes. –colgó sin más explicaciones, agarró las maletas metió toda la ropa que estaba tirada por el suelos, los libros más importantes, pósters, la cámara…todo sin dejar nada. Reservó un vuelo para el domingo, a las nueve de la noche y dos horas más tarde fue a recoger los billetes. Tenía todo preparado, mañana se iba y no iba a volver. Suspiró. Todo lo que estaba pasando era muy surrealista.



-Jace, o vas a la universidad o haces un fan meeting, pero no digas que ninguna de las dos. – el manager de Jace se estaba volviendo loco. No entendía el porqué de no querer ir un fan meeting , allí en Corea todos los idols famosos mientras no ensayaban, hacían conciertos o sesiones de fotos, hacían fans meetings  para poder conocer más a sus fans, y dar una buena imagen ante todo el mundo. Pero no, él no. Jace que en realidad se llamaba Lee Heunk Si, no quería.

-No me ralles, te he dicho que no. Una persona tan increíblemente perfecta como yo, no debe perder tiempo en esas imbecilidades. –Lee Heunk Si, era alto, de cabello rubio (tintado) y con un tupé que nunca se cansaba de llevar; sus ojos eran grises y rasgados. No tenía familia, todos murieron en un accidente de tráfico.  Y formaba parte de uno de los grupos más conocidos tanto en Corea como en el resto del mundo. STAR. Cinco chicos asiáticos, extremadamente atractivos que atraían al público (en especial al femenino) con sólo una sonrisa. Bailaban y cantaban inclusive mejor que Michael Jackson. Lo tenían todo y a la vez nada. Delante de las cámaras eran los más felices, pero detrás de ellas…sí, tenían dinero, fama, ropa, chicas, pero les faltaba algo. Cada uno de ellos tenía un pasado que hubieran preferido olvidar.

-Oh por Dios, entre tú y JS me vais a matar. –JS era otro de los integrantes del grupo.  Había sido clasificado en el puesto número uno de los hombres más sexys del mundo. Era un mujeriego que cada día tenía una chica nueva. Su carácter no era muy diferente al de Jace, aunque había una pequeña diferencia. JS era frío, frío como el hielo. Nunca expresaba sus sentimientos, ni delante de las cámaras ni detrás, ni con sus compañeros, ni con nadie. Se pasaba la mayor parte del tiempo solo, o componiendo.

-No me compares con ese trozo de hielo, y déjame en paz de una vez, quiero dormir. –Jace se escondió detrás de su edredón y su manager suspiró cansado.

-Son las dos del medio día… ¿Cómo puedes dormir tanto?

-¡Durmiendo!—finalmente se dio por vencido y fue directo a hablar con los otros miembros del grupo.

Recorrió los largos y lujosos pasillos de la casa, hasta llegar al salón donde se encontraban los otros cuatro miembros. JS estaba sentado en el alféizar de la ventana, con los cascos puestos y con un cuaderno de música en la mano,  Bum, el cute del grupo, estaba comiendo helado y haciéndose fotos, Zen , el bromista, estaba con el móvil jugando al Candy Crush , y finalmente Tao, el increíblemente presumido, estaba observándose en un espejo y practicando su sonrisa.

-Decidme que vosotros sí que vais a hacer el fan meeting, por favor. –rogó el manager, Edward.

-Por mí está bien así todo el mundo podrá contemplarme. –contestó Tao. 

-¿Contemplarte? Ni que fueras una escultura…o ¿lo eres? La verdad es que lo dudo con esa cara. –picó  Zen, sacándole la lengua a Tao, quien  ni se dignó a mirar. –Yo también me apunto.

-Wiiiiii, en ésta salgo súper mono. –exclamó con euforia Bum mirando su Nikon. –Está bien, si ellos van yo también. Pero… ¿Estás seguro de que él va a ir? –dijo moviendo la cabeza hacia JS.

-No lo creo, al igual que tampoco creo que Jace vaya a ir. –todos asintieron. JS se quitó uno de los auriculares y miró desafiante a Edward.

-¿Qué quieres otra vez? –susurró fríamente.

-¿Vas a hacer el fan meeting?

-No. –dicho esto volvió a colocarse el auricular.

-Arg, me van a matar, de verdad que me van a matar. No es como si se fueran morir por salir de casa…



Hyuna había dejado una carta para Raquel y otra para David. Se había disculpado por todo el daño que les había causado…y con lágrimas en los ojos había cogido el avión. Después de hacer escala en diversos lugares, por fin estaba en el avión que la llevaba Corea.

-Pasajeros, prepárense para aterrizar. –la pelirroja cerró los ojos con fuerza, no sabía si estaba preparada para volver a su hogar.

Si se había ido era por algo. ¿Para qué estar en un lugar donde ni tu propia familia te hace caso? Cuando ella vivía en Corea, tendría unos doce años, y su mejor amiga seguía siendo Raquel, hija de unos famosos pintores, con quien había pasado prácticamente toda su vida. El caso es que cuando ella vivía allí, no tenía amigos nada más que Raquel, no era guapa, no tenía talento, no era lista, su familia no le hacía caso… Lo mejor era cambiar de aires, empezar de cero, así que propuso a sus padres irse a vivir a Madrid cuando  tenía dieciséis años junto a Raquel, ellos aceptaron de mala gana y la semana siguiente su mejor amiga y ella estaban de camino a España. Que irónica la vida… se fue para no volver, y ahora volvía para no regresar.

El avión empezó a descender y Hyuna sintió su estómago revolverse, las arcadas sacudían su cuerpo pero como muchas otras veces aguantó el dolor, y se intentó tranquilizar pero conforme iba bajando del avión, cada vez se encontraba peor. Estaba empezando a sudar frío, y si vista comenzó a nublarse, tambaleándose buscó un baño, pero todo era tan borroso… se acercó a un chico rubio, tocó su hombro. Él se giró molesto. Jace se giró molesto. Edward le había obligado a ir al aeropuerto a recoger a uno de los compositores de su agencia de entretenimiento, para que los medios le vieran y se volviera a hablar de él, a cambio de no ir a un fan meeting. El rubio se quedó mirando a la demacrada chica, con asco. ¿Era una vagabunda? No podía echarla a patadas, porque los medios comenzaban a acudir. Hyuna no aguantaba más, sus piernas fallaron y se cayó al suelo, arrastrando los pantalones de Jace, justo en el mismo instante en que hombres y mujeres armados con cámaras fotografiaban la escena.

Jace la miró con horror, mientras ella se desmayó.






Capítulo 1.




Hyuna se miró una vez más en el espejo. Iba perfecta. Los shorts negros ajustados combinaban a la perfección con las medias de rejilla, y el suéter rojo pasión complementaba a los labios pintados del mismo color. No iba demasiado maquillada, no le gustaba.

-¿Estás lista? –Raquel se asomó por la puerta. Ella y Hyuna habían sido mejores amigas desde los tres años, ahora tenían veintidós, y compartían piso juntas.

-Sí, nos podemos ir cuando quieras.  –Raquel entró completamente en la habitación. Segundos después sintió esos horribles celos que había sentido por más de diecinueve años. Hyuna era perfecta. Lista, guapa, con buen cuerpo, simpática, graciosa. Lo tenía todo y Raquel la quería como a nadie, pero siempre había tenido envidia de ella. ¿Por qué no había escogido a alguien que fuera más fea que ella? ¿Por qué la odiaba y la quería tanto a la vez? Después de que sus padres hubieran muerto, Hyuna había sido su mayor apoyo, su mayor consuelo.

-Buah, vas perfecta. –sonrió Rachel, mientras apartaba un mechón negro de su cara.

-Bueno, es Nochevieja  lo lógico es que me arregle un poquito. –guiñó un ojo divertida. –Además tú también vas muy guapa. –Raquel llevaba un vestido negro muy corto y ajustado, acompañado de un moño que dejaba al descubierto un gran escote.

-Va, vámonos. –contestó seca la pelirroja. Hyuna, un poco asustada por la reacción de su mejor amiga, cogió el bolso y la siguió fuera. Ésta misma se miró una vez más antes de salir de casa, no le gustaba su pelo. A pesar de que tener el pelirrojo le encantaba a ella no le quedaba bien, además de que por mucho que intentara alisarlo siempre volvía a sus rizos anormales. La pelirroja suspiró profundamente y se metió dentro del taxi.


Acababan de llegar a la zona más poco habitada de Madrid. Ni Hyuna ni Raquel entendían porque al resto de sus amigos les encantaba pasar la Nochevieja en un descampado, pero allí estaban. Ángel, Leticia, Lucía y David, ya habían llegado pero aún faltaba gente.

-Oye, tú hoy vas demasiado guapa. –Ángel miró de arriba abajo a Hyuna, quien sintió sus mejillas ruborizándose.

-¡No digas tonterías Ángel! –contestó ella dándole un golpecito en el brazo. Raquel se limitó a mirar a otro lado.

-Ey, Hyuna. ¿De verdad que te llamas así? –todos empezaron a reírse.

-No me llamo así, pero me gusta más Hyuna que mi nombre real.

-¿Y cómo te llamas de verdad?—Lucía hacía poco que se había unido al grupo, por lo que no estaba enterada de muchas cosas.

-Pues me llamo Park Seun Gi, pero no me gusta.

-A mí me gusta. –dijo secamente David sin ni tan siquiera mirarla.

Todos guardaron silencio. Incluso Lucía sabía que algo pasaba entre Hyuna y David. Siempre estaban juntos. Tal vez porque Hyuna salió con el hermano de David, quien falleció hace un año, o tal vez porque les gustaba estar juntos. El caso es que aún cuando el hermano de David estaba vivo, cada vez que se juntaban la tensión se podía palpar en el aire. David estaba enamorado de ella, pero no quería traicionar a su hermano. Su hermano sabía que David estaba enamorado de ella, pero por mucha sangre que les uniera, Hyuna era a la persona que más quería y no iba a dejarla a ir.

-Tú, eres tonto. –contestó Hyuna soltando una risita. Él la miró por primera vez en toda la noche y dibujó esa sonrisa de medio lado que tan locas volvía a las chicas.

La noche transcurrió con normalidad, las dos chicas que faltaban no aparecieron, las botellas de Vodka se acabaron en seguida, David llevó a casa a Hyuna y a Raquel, y Ángel, Lucía y Leticia se fueron por otro camino.

-Oye, Hyuna, para de tontear con Ángel. – la mencionada suspiró profundamente, ahí iba con sus paranoias.

-Yo no tonteo con nadie. 
 
-No, que va. “No digas tonterías, Ángel” –dijo imitando el tono de voz de Hyuna.

-Raquel no tengo ganas de discutir.

-¿Qué? ¿Qué no tienes ganas de discutir? ¡Ven aquí!  --la pelirroja hizo caso omisos a los gritos de su amiga, y a pesar de que llevaba un pijama de ositos, hacía frío y estaba cansada, salió del piso dando un portazo. Subió en el ascensor y marcó el último piso. Una vez ahí, abrió la puerta de la terraza y entró.
 Cuando se producían esa clase de situaciones le gustaba ir ahí arriba y observar las estrellas.

Los padres de Hyuna, eran los dueños de una gran discográfica coreana, por lo que siempre estaban fuera. Ya que sus padres eran coreanos, también tenían los ojos rasgados y la piel suave y fina que caracteriza a los asiáticos, por lo que ella, su hija, también lo tenía. La combinación de su pequeña estatura, su cuerpo delgado y con buena forma, sus rizos pelirrojos, su piel suave y tersa, y su gran estilismo, la convertían en la chica perfecta.

-Ah, mierda. --¿quién había dicho eso? Hyuna escuchó pasos procedentes de la puerta de la terraza. No supo porque pero algo le hizo esconderse justo en el momento en que la puerta se habría de un golpe y dejaba paso a un chico rubio.

Éste mismo llevaba la mano sujetándose el pecho, pues le sangraba. Hyuna se asustó.

-¡Mierda! –volvió a gritar él. –Como odio a los ángeles.  Ah. – se quitó la camiseta dejando a la vista una herida muy fea. Hyuna como una persona que era, reaccionó y salió en su ayuda. 

-¿Puedo ayudarte en algo?—exclamó sin pensar. Él levantó la mirada y le sonrío maliciosamente. Tenía una presa, una bonita presa. Si le inyectaba un poco de su veneno recuperaría las suficientes fuerzas como para escapar.

-Oh, no me vendría mal. Unos ladrones me han intentado atracar, pero me he defendido y me han hecho esto—señaló su herida-- ¿Puedes acercarte a mí? 

Hyuna obedeció. Se dejó caer a su lado y sostuvo su cabeza entre sus piernas. Estaba muy asustada, no sabía qué hacer.

-Acércate un poco más. –ella se acercó hasta el punto en poder oler su aliento. Él no podía controlarse, le encantaba la sangre de los humanos sobre todo la de chicas como esa, tan inocentes. Sin decir nada, agarró el cuello de ella y clavó su boca en él. Hyuna pataleó, gritó, lloró. ¿Qué le estaba haciendo? Sentía como si las fuerzas la iban abandonando poco a poco. 

-¡Cabrón! –otro chico, esta vez castaño, entró en la terraza. Con la máxima delicadeza que pudo, apartó a Hyuna de la boca de ese monstruo. Sacó un cuchillo, y cortó su cuello. Una vez que el rubio estuvo muerto por completo, el chico que lo acababa de matar acudió a Hyuna. La sostuvo entre sus brazos.

-Oye, humana, necesito que estés consciente y me digas cuanto tiempo llevaba mordiéndote. 

-Parecían…horas…pero creo que unos…--tosió muy fuerte--…veinte minutos.

-Joder. No creo que pueda salvarte.  –Hyuna en medio de la debilidad, se sintió sorprendida. Antes el chico rubio había dicho algo de ángeles, y este chico de ahora la había llamado humana. ¿Era alguna clase de broma? ¿O era como un sobrenombre que utilizaban porque no querían que se supiera su verdadero nombre? El chico rubio no estaba muerto de verdad ¿no? Sentía como si su cabeza fuera a explotar.

-Humana…ángeles… --él la miró intrigado.
-¿Ángeles?

-¿Esto es… una broma… de año nuevo o… algo? –Nicolás, que así se llamaba el chico, sonrío.

-Si te pones bien, te lo contaré todo. –se inclinó y juntó sus labios con los de ella. Hyuna abrió los ojos como platos. ¿Ahora un acosador? Pero lo que ella no sabía es que estaba intentando curarla, de alguna forma.

-Nos vamos, humana. –la pelirroja notó como la levantaban del suelo. No tenía fuerzas para resistirse, así que cerró los ojos, esperando que todo fuera una pesadilla.


Lo primero que vio al abrir los ojos fue el rostro preocupado de un chico castaño, de ojos verdes.
-Veo que estás despierta. –dijo con voz suave. Hyuna al recordar todo lo ocurrido, de un bote se incorporó, cosa que despertó un profundo dolor en su cuello. –No hagas movimientos bruscos, podrías empeorar.

-¿Empeorar? ¿Dónde estoy? ¿Qué está pasando? ¿Quién eres tú?

-¿Recuerdas al chico de ayer? –Hyuna asintió-- ¿Recuerdas las palabras que susurraste? –Volvió a asentir recordando su débil susurro “humana…ángeles…” –Bien, pues el chico rubio que te mordió el cuello intentando recuperar la vida que se le escapaba, era un demonio.

“Este chico está demente” fue lo primero que pensó Hyuna. “Debe de sufrir alguna enfermedad que le hace pensar en esas cosas”, siguió repitiendo dentro de su cabeza.

-No estoy demente. –sus ojos se abrieron como platos y contempló más detalladamente a Nicolás. –Y tampoco leo mentes, simplemente he leído tus labios. Oye sé que es una locura, pero hay algo más que debo decirte. Si él era un demonio yo soy un ángel, y él te estaba atacando, mi enemigo estaba atacando a la mayor creación de Dios, tenía que intervenir, es más, era mi deber intervenir. Debes creer, debes estar preparada para lo que viene a continuación.

Hyuna estaba realmente confusa. Su cabeza llena de pensamientos tardaba demasiado en procesar la información. ¿Ángeles? ¿Esos seres existían? Probablemente la loca era ella, por tan siquiera pensar que existía una posibilidad de que eso fuera verdad. Se llevó las manos a la cabeza, y las fue bajando hasta el cuello donde percibió la marca de un mordisco.

-Yo…yo… ¿Me estoy volviendo loca? ¿Dónde está Raquel? ¿Y mis amigos?—empezaba a asustarse y a ponerse nerviosa. A pesar del dolor que sentía en el cuello se levantó y observó la habitación en la que se encontraba. Las paredes eran blancas, el suelo de madera, y los muebles negros. No había ventanas. Era de locos. Nicolás se levantó y se puso en frente suya, agarrándola por los hombros.

-¿Qué necesitas para creerme?

-Eh, eh…alas.

-¿Alas? –soltó una risita—Por supuesto, niñita.

-No me llamo así, me llamo Hyuna. ¿Y tú eres…

-Nicolás.

-Bueno pues señor Nicolás Demente, como no me vas a enseñar ningunas alas, porque los ángeles no existen, yo me voy…--algo le hizo callar. Algo. Una especie de aura blanca que salía de la espalda del supuesto ángel. Esa especie de aura tomó forma de ala.

-No…no puede ser…

-¿Por qué no lo aceptas ya, humana? Soy un maldito ángel. –si antes el cerebro de la pelirroja iba lento ahora ya no aguantaba nada más y volvió a desmayarse, en los mismos brazos.


-Oye, podrías parar de desmayarte, digo yo.

Hyuna abrió los ojos, era el momento de afrontar la realidad, de hacer su mente un poco más libre.

-Te creo. —lo dijo muy a regañadientes. Aún no había terminado de creerse toda esa historia, a lo mejor, lo de las alas había sido un truco y como ella estaba tan débil no se había dado cuenta. Aunque también había una posibilidad de que si que estuviera diciendo la verdad.

-¡Ya era hora! ¿Vas a dejar que te cuente el resto de la historia sin tomarme por loco?

-Sí, continúa por favor.

-Bien, pues cuando te rescaté, el veneno que te había inyectado ya había llegado a tu corazón y lo había infectado. Por muchos remedios que intentara usar, ya estabas contaminada, tu corazón está envenenado. Vas a morir, según mis cálculos, dentro de dos años. –los ojos de Hyuna se abrieron de par en par, eso sí que era una buena broma. ¿Morirse? Ya había escuchado suficiente.

-Oye, no sé si te has escapado de un centro para dementes o qué, pero yo me voy a mí casa.  –cuando intentaba levantarse él la agarró fuertemente de las muñecas, inmovilizándola.

-Hyuna, tienes que creer. 

-¿Tú estás loco o qué?

-¿QUÉ NECESITAS? Pensaba que me habías creído… --soltó un suspiro y se dejó caer a mi lado.

-Es raro…no puedes cambiar la forma de pensar de una persona en menos de un minuto. Llevo toda la vida creyendo que esas cosas no existen, y ahora intento ayudar a un chico herido, me muerde en el cuello, otro chico me salva y me lleva a un lugar desconocido, y lo primero que me dice es que es un ángel y que me estoy muriendo. ¿Qué pensarías tú? Ponte en mi lugar.

-Te comprendo, pero no lo estoy diciendo por gastarte una broma…todo esto es real.

-Si eres un ángel, supongo que vives en el Cielo, con Dios y todo eso. ¿No? –él soltó una carcajada.

-No, Hyuna, no. Yo vivo en la Tierra como mucho más ángeles, el tema Dios y arcángeles es desconocido para los que vivimos en la Tierra.

-Ah, que guay, mola ser ángel. ¿No?

-A veces es bonito ser un ángel, pero otras tantas no. 

-¿Por qué?

-Porque tienes que ver como cada día millones de personas, de creaciones, mueren, son aplastadas sin control. Y eso duele.

-Necesito…necesito algo más, para poder creerte.

-¿El qué?

-Si lo que dicen las leyendas es verdad…podéis curar con vuestra sangre.

-¿Qué leyendas dicen eso? No lo había oído nunca…pero sí que tenemos poderes curativos.

-Vale, hazme una herida y si puede curármela con sólo pasar tu mano, te creeré. –esta vez lo decía en serio, Hyuna tenía miedo, mucho miedo. Si todo resultaba ser verdad, ella estaría muriéndose y le quedarían setecientos treinta días de vida.

Nicolás suspiró profundamente.

-Está bien. –agarró un cuchillo y le hizo un pequeño corte en la palma de la mano. Cerró los ojos y colocó su mano encima de la de ella, sin llegar a tocarla. Ella forma parte de la creación, es mi deber curarla, debo curarla.

En ese momento Hyuna notó oleadas de calor provenientes de Nicolás que se introducían en su mano, y…cerraban la herida. Todo era verdad.

-Yo…me…estoy…muriendo. –susurró con lágrimas en los ojos.

1 comentario:

  1. Espero que ya este en marcha el siguiente capitulo porque la historia esta muy bien :)
    Un saludo
    In love

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