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Su susurro.

Le miro por última vez a los ojos...Dios, sí que cuesta decir adiós. Su mirada grisácea me recorre de arriba abajo mientras de mis ojos comienzan a brotar lágrimas. "Te ha hecho daño", "te ha hecho daño", "te ha hecho daño"...Repite sin cesar mi corazón. Es cierto. No he de volver a verle, pero es inevitable caer en su encanto, en su voz, en su mirada, en su cuerpo, en su pelo, en sus palabras. Realmente es un ángel caído, un ángel que sólo provoca estragos en mi corazón, un ángel dañino como Lucifer, y es que cuando él me susurra de esa manera, cuando acerca tanto sus labios a mí rostro no puedo evitar caer en sus redes. Todo es culpa de ese susurro, ese susurro que es igual al de la tentación, al del pecado, al del peligro, al de Lucifer.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Love is a game.




Los latidos de su corazón parecían resonar por toda la estancia, estaba tan cerca y a la vez tan lejos de él. Sus frentes chocaban y sus respiraciones estaban aceleradas, pero la mirada de él estaba perdida. ¿En qué podía estar pensando? ¿Qué era eso que tanto le dolía? Sin más demora sus labios se acercaron lentamente a los de ella pero algo lo impidió, lágrimas resbalaban por su pequeño rostro.

-¿Qué pasa, pequeña? –susurró en voz baja limpiándole las lágrimas.

-No me quieres, sólo soy un juguete más. –dijo ella en un tono a penas inaudible. La mirada de él cambió, algo oscuro empezaba a asomar. La miraba con deseo.

-¿Juguete? Eres mucho más que eso. –la agarró de la cintura y la pegó contra él. Sus labios se buscaron desesperadamente. Ninguno de los dos tenía una explicación a lo que estaba pasando.

-Para, no quier…no quier…

-Ni tan si quiera puedes negarlo, me amas, me adoras, me deseas. –una vez más aproximó su boca a la de ella.

-Sí, todo eso es cierto… ¿Pero qué harías sin mí? El juego ha acabado, esto ya no son cosas de niños.

-Lo sé y lo supe desde el momento en que probé tus labios. –cerró los ojos recordando la sensación  de estar en vuelto por sus pequeños brazos, la sensación de ser querido. La amaba y ella a él.

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