¡Disfrutad, os quiero!
PD: Os recomiendo que lo leáis escuchando Fear and Loathing de Marina and The Diamonds.
PD2: Cabe destacar que es una historia de fantasía, acción y romance.
El alcohol está haciendo efecto en mí y él está mirándome en
la distancia. Hay algo que me impulsa a molestarle, a restregarle que nunca
seremos algo y que soy una chica libre. Me acerco a uno de los tantos chicos
borrachos que bailan como patos mareados en medio del salón; Crazy in love comienza a sonar y siento
que el destino se ha unido a mí favor. Muevo las caderas suavemente pasando mis
manos por el pecho de mi pequeña rata de experimento. Su fría mirada se
entrecierra y siento una helada furia que intenta cohibirme, pero esta vez es
diferente. No sé si es el alcohol o el hecho de que está a una distancia
prudencial de mí y me siento poderosa, pero acerco mis labios al cuello del
chico y dejo pequeños besos.
-¿Quieres ir arriba? –pobrecillo, de verdad piensa que
quiero eso con él.
Asiento entusiasmadamente mientras doy un juguetón mordisco
en su oreja. Él jadea y me agarra fuertemente de la cintura. Sonrío sintiéndome
segura de mí misma. Me giro para ver si Ian me está mirando y… está
enrollándose con una rubia despampanante de metro ochenta.
Punzada en el estómago, rabia. La misma furia y descontrol
que llevo semanas sintiendo amenaza con explotar. Intento respirar pero siento
que mis pulmones se cierran. Boqueo desesperada. Joder. La vista se me está nublando
y todo a mi alrededor tiembla; la espalda arde. Me separo como puedo del chico
y a punto de desmayarme salgo de la casa.
Ando unos cuantos metros y me encorvo con las arcadas
sacudiéndome. La cabeza me palpita y el ardor de la espalda se está haciendo
insoportable. Vomito y gimoteo a la vez. ¿Dónde
están tus amigos cuando los necesitas?
-Vete a vomitar a tu casa. –a duras penas alzo la mirada y
me encuentro con la rubia de Ian. Genial.
Ya no puedo contenerme más.
Creo que mi cabeza está a punto de estallar cuando golpeo su
rostro con una fuerza descomunal e impropia de mí. La mano me duele pero lo que
me está realmente matando es la puñetera espalda, parece que me estén
apuñalando con un cuchillo ardiendo.
-¿Quién te crees que eres? –la rubia se abalanza sobre mí
mientras la gente se pone a nuestro alrededor y grita “pelea, pelea”.
Le esquivo todos los golpes sintiéndome cada vez más
enferma. Su mano golpea mi rostro y sé que ha llegado mi momento. Los gritos,
mi dolor, todo desaparece durante unos segundos para volver con mucha más
fuerza. Me llevo las manos a la cabeza y grito desesperada esperando a que
acabe esta tortura. La rubia para de golpearme y me mira. Todos me miran.
Entonces llega él, como siempre, y me rescata. Me alza del suelo, me aprieta
contra su pecho y me lleva hacia la casa.
-¡Todos a bailar! –grita haciendo que su pecho retumbe en
mis oídos.
Cierro los ojos notando únicamente su pecho subir y bajar.
Entramos en la estancia donde suena la música a todo volumen, subimos las
escaleras y nos adentramos en la primera habitación que Ian ve.
Me deposita con
cuidado sobre la cama y examina mi rostro con preocupación.
-¿Estás bien, Wesen? –sonrío muy a pesar.
-Sí, siempre y cuando me digas que significa eso. –me sonríe
de vuelta.
-Ni hablar. —su rostro se torna preocupado de nuevo cuando
pequeños escalofríos me recorren.
Marina and
The Diamonds suenan con Fear and Loathing.
Nuestras miradas se cruzan. Hielo con oro. La extraña
conexión se intensifica de tal forma que él se aproxima inconscientemente, lo sé
porque cuando se da cuenta de que está a centímetros de mi boca se muestra
sorprendido. Las respiraciones se mezclan y mi olor a alcohol y vómito no
parecen espantarle.
Se acerca un poco más permitiendo que nuestros labios se
rocen al igual que roza una brisa a la hoja a punto de caerse del árbol; la
hoja soy yo y sé que voy a caer. Sus ojos me permiten deducir que opina lo
mismo que yo.
La canción llega a su punto álgido envolviendo la situación
en un extraño halo de intimidad y sensualidad que es imposible romper. Sin
aguantarlo más acorto la diminuta distancia que nos separaba y me dejo ir en
ese beso. En un beso que siento prohibido y mal
pero que me reconforta de una forma que nunca pensé que sentiría. Nuestras
lenguas se mezclan, Ian se coloca a horcajadas sobre mí aprisionando mis
brazos.
-Dios, llevaba queriendo hacer esto desde el día en que te
conocí. –susurra con una voz increíblemente ronca.
-Y yo, Ian, y yo. –nuestras bocas vuelven a unirse y dejo
que su lengua invada mi boca cuando un súbito pensamiento me deja helada: este hombre es mi perdición y estoy segura de que acabará jodiendo muchas cosas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario